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En los límites del formalismo matemático

 

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Diego Maza.
FOTO: Manuel Castells
07/10/20 09:00 Diego Maza

Como en otras ocasiones no puedo negar cierto grado de sorpresa ante los galardonados con el Nobel de Física 2020. En este caso creo que la propia Academia deja entrever algo de esa misma extrañeza. Coincidirán conmigo que despierta cierto asombro leer que alguien es premiado por “el descubrimiento de que la formación de agujeros negros es una predicción robusta de la teoría general de la relatividad”. Sin duda debe ser una predicción firme cuando amerita la mitad del premio, en lugar de la cuarta parte que corresponde a sus compañeros.  

Estos últimos han sido galardonados por descubrir que un “objeto supermasivo” nos condiciona desde el centro de nuestra galaxia. Las comillas son importantes. La Academia ha sido cuidadosa afirmando que el centro de nuestra galaxia está habitado por un objeto supermasivo, al que toda la evidencia convincente de la que disponemos apunta como un agujero negro de los que Penrose estudiaba mediados los 60.   No obstante, si algo sabemos de estos objetos, es lo poco que conocemos de ellos. La razón es sutil y nos lleva a las “robustas predicciones” encontradas por R. Penrose.  En estos objetos, de los que ni siquiera la luz es capaz de escapar, las leyes de la Física se vuelven singulares y la forma en la que la naturaleza se comporta más allá de ellos resulta un misterio, y donde las propias ecuaciones de las que se derivan podrían carecer de sentido.

Son muchos los elementos que dan lugar a mi extrañeza. Nada que objetar al grado de refinamiento alcanzado por la astronomía para interpretar los datos del centro de nuestra galaxia, mucho menos desde luego al teorema de singularidad de Penrose que ha desencadenado una ingente cantidad de trabajos en el mundo de la cosmología.  Sin embargo, ambos hechos están cargados todavía de un grado importante de incertidumbre y preguntas abiertas. Sin duda es mucho lo que avanzamos encontrando que las matemáticas son soluciones robustas a las ecuaciones de Einstein, y que estas son compatibles con nuestras observaciones del Cosmos. No obstante, no deja de sorprenderme que la Academia deba recurrir a la expresión “predicción robusta” para justificar su galardón. Al menos en los últimos años no recuerdo que esta institución sueca utilizara una expresión semejante.

En cualquier caso, el premio de este año tendrá casi seguro un efecto beneficioso: muchas personas descubrirán las obras de divulgación de R. Penrose, algunas de las cuales están escrita con magistral delicadeza. Quien se involucre en ellas viajará casi sin saberlo hacia las sutiles –y muchas veces desconcertantes– predicciones del formalismo matemático. Ojalá sea el caso, pues merecen la pena.

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